El mar, agua pasada
- Kapok

- 12 oct 2023
- 4 min de lectura

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Mata, ojos - Hari, día.
Matahari, sol
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‘Le regalé ese Kindle, pero nunca lo ha utilizado’, empieza Mei, con ese velado rencor de los regalos no correspondidos. ‘Esta semana lo pondré en venta, y a ver que hacer con el saxófono, que también...’.
Mei ha sacrificado su carrera de grafica tras el matrimonio para cuidar el marido y la casa, aunque a menudo comenta el suceso con algo de arrepentimiento. Ese famoso antes y después, esa presión externa y la inquebrantable responsabilidad que ahora los ata en ese pequeño pisito con una gran hipoteca.
‘Para ahorrar, solo tenemos un coche, y lo acompaño al trabajo todos los días’, comenta la taxista del marido, un inteligente joven asocial un tanto infantilizado.
Mei se encarga de la compra, de las cuentas, de la cocina, de la limpieza y de las relaciones publicas. Me detalla con números y cantidades los pagos de la comunidad comparándola con la de al lado, más cercana al metro. ‘¡Para que pagar tanto!’, se jacta en voz alta, (auto)convencida de su ganga, la mejor elección posible.
El joven matrimonio chino me ha rescatado de un peaje soleado, ofreciéndome hospitalidad en ese complejo residencial de clase trabajadora, erigido al lado de una depuradora y bendecido periódicamente con santo veneno anti-mosquito, una purga no solo de insectos sino también de residentes. Si pudiera elegir, preferiría el dengue a esta lenta muerte mal oliente. Pero, sin lugar a duda, les agradezco muchísimo la hospitalidad, a pesar de los pesares de mis narices.
Mei y Jazz podrían ser, sin mucha imaginación, una pareja chilena, polaca, turca o sur africana. La globalización ha jugado una parte fundamental en la uniformización de las existencias. Al final todo se parece a lo nuestro, a lo occidental, a lo europeo, a lo blanco, a lo justo. Visten como nosotros, piensan como nosotros y tienen los mismos estándares de vida que nosotros, unas vacaciones de fin de semana para curarse del estrés y tardes de shopping al centro comercial más cercano. Adoptando (a fuerza) nuestro sistema económico, et voilá que también el resto sigue.
No sólo de economía vive el hombre, diría hoy un viejo sabio del pasado, elogiando la alta proeza humana de lo diverso, de lo otro. ¿Què sentido tiene viajar y experimentar lo diferente si todo ya se asemeja monstruosamente a sí mismo? El mundo es bello porque es variado, decía otro sabio más reciente, pero ¿ahora qué?
Comen cruasanes y creen que es cosa buena. Comen queso, catan vinos y ven que también son buenos. Es sabido que el hombre blanco tiene gusto, dicen los inferiorizados, los segundos que quieren inútilmente subir de podio, buscando afanosamente unas escaleras que no existen.
Unas mujeres con velo acercan comida a un perro callejero. Dado que la saliva de los perros es haram para los musulmanes, las viejitas del barrio han adestrado el perro para agarrar la bolsa de plástico sin contacto. Respetuosa, la bestia se lleva el botín lejos y hurga en el plástico su pan cotidiano.
Basta poco para hacerme feliz.

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terima, aceptar - kasih, amor
terima kasih, gracias _________
‘Hoy en día la gente lo llama ‘healing’, es la nueva moda’, me comenta el Ryoq, tomándose un café a medianoche. ‘Tras el covid tuvimos un repunte bestial de clientes. Sabes, armar la tienda en un camping con todos los servicios posibles hoy en día representa el nuevo selvajismo. Gente que nunca había estado en contacto con la naturaleza, ahora sale de la ciudad y lo intenta, aunque, sea claro, en una versión más edulcorada y menos aventurera’.
Edulcorada, Ryoq, ¡gracias! ¡La palabra que necesitaba!
Aunque no haya caído presa de hostales ni coincidido mucho con blanquitos exploradores, sí que he advertido en ciertos lugares esa tendencia uber-turistica de lugares Lonely Planet, con bares de tapas y mercados nocturnos para complacer las (supuestas) necesidades de un mochilero.
En esta mala costumbre de utilizar los autóctonos como actores de un escenario hecho a medida para uno mismo, un teatro de vacaciones adentro de un centro comercial, se suelen aprobar edulcoraciones de lo real a través de fáciles representaciones que no incomoden, que no molesten ni creen algún tipo de ambigüedad comunicativa o cultural. Ya, porque los otros siempre hablarán inglés y, cuando no lo harán, ‘que poco civilizados esos bárbaros’, alguien diría, ‘les llevamos plata y esos ni estudian. Al final al cabo, se la merecen la miseria’
Y de vuelta al hostal una rubia tarada, bronceada, aburrida diría: ‘Ya, sabes, porque viajar en India...’ ME CHUPA UN HUEVO de tu India, y de los viajes y de las fotos y donde vas y de donde vienes!
El camino, el viaje, la vida, resulta ser, en resumida cuentas, un caramelo con una sola marca.
Si la verdad es plural, ¿por qué todos comulgan con la misma, incluso los bien viajados y muy abiertos de mente? Estamos en frente al mismo problema de antes, lo llano y sistemático de lo parejo, de lo coincidente, de lo igual. Una pesadilla de espejos.

Ahora, por fin solo, mecido por el balanceo de la hamaca, escucho el río y el fluir de la noche, abandonando los pensamientos en su lento camino hacia el mar.
Desde las montañas malasias, reparo en que mi camino hacia el Mediterráneo sólo habrá tierra de por medio ahora, nada de barcos ni océanos tempestuosos.
El mar es agua pasada, por fin, y como un Ulises desperdigado por mil islas, distraído por mil verdades distintas, también el discípulo necesita su Ítaca para llegar en algún lado. Pero, más que todo, el final de un objetivo, una isla propia, diferente, una Ítaca para seguir yendo.
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Jalan, carretera - Kaki, piernas
Jalan kaki, caminar
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