MOLISE - LA REGIÓN QUE NO EXISTE
- Kapok

- 14 ene 2020
- 7 min de lectura
Actualizado: 24 ene 2020
Texto: Alex Iasilli
Fotos: Jacopo Rufo

El Molise no tiene fronteras. Entramos en una galería y la radio tiembla; el cielo está claro afuera, pero aquí adentro llueve. Ninguna placa nos invita, pero ya sabemos dónde estamos.
La primera señal de vida que encontramos por el camino es el cementerio de Venafro, con su vista aterradora a la frontera casertana. La gran cementera de San Sesto Campano destaca en el horizonte, en los últimos años bajo el foco para el intercambio de residuos pertenecientes a empresas del crimen organizado. Las ecomafias siguen enterrando residuos nucleares provenientes de Francia y Alemania y, al mismo tiempo, se encargan de incinerar ingentes cantidad de basura toxica y prohibida. Dentro de un radio de 15 km, en el valle del Venafro, se queman anualmente casi 450 mil toneladas de desechos. El rocío mañanero trata de ocultar la evidencia del crimen, pero luego nos damos cuenta que la niebla no es tal, sino simplemente humo y contaminación.
Los semáforos retirados y las bombillas robadas confirman la hora y el lugar: hemos entrado en tierra de nadie.

Paradójicamente, una de las capitales de provincia más altas de Italia se llama Campobasso, un confluencia magnética de carreteras estatales y vientos helados. Nos perdemos como turistas en las infinitas calles de un solo sentido, un engañoso laberinto blanqueado por las primeras nieves estacionales.
Nos encontramos con más de un colmado vendiendo especialidades de Puglia o mozzarelle de Campania o frutas y verduras de Lazio.
“¿Cuántas veces te han dicho que el Molise no existe?”, le pregunto a Giuseppe, que ha estado promoviendo la región en privado durante años, solo Dios sabe por qué.
“Demasiados”, contesta, “y probablemente la invisibilidad es el único hecho reconocido de nuestra tierra. Queremos mejorar las tradiciones, blabla, la cultura, blabla, la naturaleza, etc.”.
A menudo utiliza el concepto de comunidad y nos regala de vez en cuando algún término inglese de marketing consultant.

“La institución pública es lenta y tercermundista, no responde a las rápidas atenciones del mundo de hoy. Desde que promovieron el subsidio de residencia activa para repoblar la región, hemos tenido un auge en los mensajes en nuestra página. Nos escribieron desde Rusia, México y Estados Unidos porque no podían encontrar la apply form en el sitio web de la región. La información se queda ambigua y para nada transparente... para no hablar de los largos tiempos de espera”.
De hecho, la mayoría de las noticias internacionales sobre el Molise se refieren al subsidio de residencia activa, una ayuda estatal para repoblar lo “impoblable”.

La salida obligatoria de la región tiene muchos destinos pero pocos remitentes. La mayoría de los jóvenes emigra a Nápoles, Roma, Milán o, quién puede, màs allà de la frontera. Las familias sufren y al mismo tiempo esperan que sus hijos salgan de su condición poco privilegiada. “¿Qué te hace quedar aquí?”, parecen sugerir entre lágrimas ocultas de un Sur perpetuamente exiliado. Lorena ha vivido en el extranjero durante siete años y cada Navidad, puntualmente, revive el día de la marmota. “Ah, ¿dónde vives ahora?”, le preguntan en el pueblo como un buenos días, ¿cómo te va?.

No hay autopistas para juntar los 130 km que van de oeste a este, y parece que tampoco el viento de la información sople entre los valles distantes. En Longano ni siquiera están al tanto del terremoto de 2002. “¿Cuál? ¿De 1985, quieres decir?”. En el municipio de Casacalenda, el concejal habla en público de trenes inexistentes en el escenario del prestigioso Film Festival. Han pasado seis años desde la última vez que Trenitalia silbó los rieles, pero todos aparentan mutismus tremens. Los centros históricos están casi completamente abandonados y la gente a menudo prefiere vivir en los edificios prefabricados de 2002 en lugar de regresar a sus casas renovadas con fondos europeos. “Entonces, ¿enviamos algunos refugiados para vivir en las casas vacías?” “No, gracias”, la respuesta de la demos.

¿Cómo ves al Molise en 15 años?, la pregunta lungimirante y recurrente. Termoli, la segunda ciudad de la región, conmemora con su desolación el día del juicio final. El viento frío, las vacaciones de Navidad y las playas abandonadas pueden ser factores para justificar esta (in)quietud post-apocalíptica. El único sobreviviente del ataque nuclear es un napolitano entumecido que vende sfogliatelle artesanales. “¿Pero ha pasado algo?”, le pregunta Jacopo. “¿Hay un partido? ¿O murió el papa?”. “No, no”, contesta, acercándose lo más posible al horno encendido. “¡Es normal aquí!”. Incluso las turbinas eólicas están de vacaciones, no quieren moverse. Por lo menos, Radio María se escucha de puta madre.

En la luminaria de Larino nos encontramos a nuestro Virgilio, que nos redime del infierno navideño de Santa Claus, neones y algodón de azúcar. Donato nos ha reconocido y siente la obligación moral de ser nuestro mentor. Nos invita agresivamente en su bodega, corta quesos y embutidos colgados a la vista. “Estamos bien por hoy”, dice, abriendo un armario con una infinidad de botellas de vino casero, un color oscuro con muchas buenas promesas. Está claramente entusiasmado con nuestra “visita” y no pierde el tiempo en alabar a Larino y alrededores.

“Sabes, hay un Año Nuevo en Gambatesa donde todo el país está de en la calle”, dice. “Imaginate que cada año vienen 200 campistas desde Italia”. Como si fuera una isla, el Molise se mantuvo fiel a la línea, en un constante posguerra de neorrealismo a episodios: vino, cacio cavallo y familia. “Esto es de mi campaña”, subraya, ofreciéndonos otro manjar personal. No sabemos cómo agradecerle, 1 porque todo es casero y sabroso, y 2 porque no sabemos cómo escapar de la reclusión de su violenta hospitalidad.

Si hay algo que vale la pena elogiar sobre este páramo desconocido, no es la naturaleza, ni la comida ni la historia, sino su gente, que representa el plato principal en un menú demasiado soso. Y no lo considero único e irrepetible solo por la necesidad histórica de alabar sus esfuerzos milenarios por el pan, ni por la obstinación de sobrevivir en esta tierra de paso, difícil y dura...

La gente del Molise, en mi opinión, puede presumir una peculiaridad que la convierte en una perra en medio de los cerdos, como dijo De Gregori en su viaje para el Bel Paese. Geográficamente, el Molise es una zona inexplicablemente rebozante de humildad: parece que la proximidad criminal de Foggia, Cassino y Caserta no afecte en lo más mínimo su espíritu trashumante de pequeñas producciones locales. Con la excepción de la llanura del Venafro, toda la región parece libre de ambigüedad y casi virgen en su esencia. Los nativos confirman las sospechas.
“El 60% de la producción nacional de trufas proviene de aquí”, nos explica Max, mientras prepara cien arrosticini. “Las trufas crecen en tierras no utilizadas, deshabitadas y abandonadas”. Pensando en el Molise español (Teruel y provincia), la trufa ha estado dando resultados sorprendentes durante varias décadas, produciendo 36000 kg por año para un pueblo de solo 8600 habitantes.

¿Qué le dices a alguien que te dice que el Molise no existe? “Le diría que debe crearse, dado que es una marca como las demás, Puglia, Calabria, Umbria, ...”, sugiere Maurizio. “En la Isla del Giglio (Toscana) no hay nada, pero recuerdo que el guía pasó dos horas explicándonos la singularidad de una flor. Hay que saber vender la tierra y la historia, y parece que muchos de nosotros hayan perdido el orgullo de su origen”.
La abuela Carolina desconoce estos dilemas modernos. Cuando la cruzamos, el frío se vuelve más intenso; son las cinco de la tarde y es hora de recoger leña para la chimenea. Tal vez esos ojos azules han visto más de un siglo, pero no podemos estar seguros. Ella ha perdido la cuenta de los años y, sorprendida por nuestra repentina visita, ajusta el velo, poniendo el crucifijo en buena luz. Flash!

Camillle, por otro lado, viene de otro mundo. Hace unos diez años, la artista francesa adquirió su segunda residencia en un pequeño pueblo con menos de 100 habitantes. “Vine buscando simplicidad y tranquilidad, y aquí me siento bien, es lo que hace para mí”, dice. “El Molise no tiene nada que vender para el turismo, no hay aeropuertos y, desde Nápoles, se tarda una eternidad en llegar. Es incómodo y poco práctico pero no me quejo, todo lo contrario. A veces pienso sea mejor se quede así: puro, simple y lejano”.
La vecina la saluda, en el primer rendezvous pos-fiestas. Viste zapatos destrozados y un suéter sucio de campo, como en los viejos tiempos en los cuales no existía la obsesión provincial de camisas blancas y bares renovados con el (mal) gusto de Ikea.

“Ya sabes, todo bien, aquí con la familia”, contesta con aire poco convencido. Un familiar se asoma por la ventana, justo el tiempo necesario para satisfacer su sed de curiosidad: los rumores sobre los forasteros eran ciertos. Cabeza adentro que afuera es un mundo malo. El hecho de vivir constantemente en un eterno período de posguerra, entre emigrantes y desastres naturales, dibuja la Región Que No Existe con pinceladas de realismo mágico propio i exclusivo. “¿Dónde coméis hoy?”, la abuela de Lorena nos repite obsesivamente, después de rechazar la oferta de un lujoso almuerzo.
Prueba esto”, continúa cortando pan, mozzarella y fiambres. “Pero... ¿dónde coméis hoy?”
Ni siquiera Dios sabe dónde vamos a comer hoy, pero la nieve, la escarcha y la carretera nacional no nos ayudan frente a las buenas intenciones del caliu familiar.

A menudo, la falta de comodidad y de practicidad puede representar un valor agregado, como en el caso de playas desconocidas o excelentes tabernas familiares. No se puede correr demasiado la voz y, quién sabe por esta razón, los secretos se revelan con su sabor más refinado, porque sólo pocos afortunados pueden apreciarlos.
La fuerza del Molise se revela claramente en su espíritu humilde e naíf que, a través del don de la invisibilidad, sorprende a los pocos trashumantes (modernos) que desconocen el engañoso "Dejad toda esperanza, los que aquí entráis". De mala gana creo que su destino será desaparecer en silencio, sin ninguna historia escrita.
Porque, lamentablemente, aquellos que no escriben la historia no sufren el olvido.

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