NO CAGUES AQUÍ
- Kapok

- 11 feb 2020
- 2 min de lectura

Es lunes por la mañana y todo sigue igual. Al salir de la puerta de casa, el espectáculo tiene el mismo color de siempre: negro.
Imagino que haya alguna razón precisa para este ultraje recurrente: una fragancia a lavanda, una inclinación excelsa o simplemente el suave ambientador a alcantarilla de Horta… Todos los días en la acera de nuestra casa el mismo regalo en formas diferentes.
Mierda fresca de perro.
De ahí nace el dilema, esa rutilante obsesión de clase media que te lleva a escribir ‘No cagues aquí’ a un perro.
Empezamos del hecho que en mi vida nunca tuve una gran relación con el 'mejor amigo del ser humano'. La interacción cotidiana con el Canis Lupus Familiaris no me llevó a ningún estado anímico superior ni tampoco pude gozar de una revelación trascendental y mística estilo San Francisco de Asís.
Respeto darwinianamente a los perros timbre, que cumplen su función milenaria de aviso y amenaza, viven en el campo y cagan en el campo. Del otro lado, no puedo evitar de compadecer la involución de sus equivalentes urbanos, unos pobres desgraciados sumisos a la voluntad solitaria y egocéntrica del ser humano.
‘Aguanta, aguanta’, le instigan, después de haber pasado 10 horas encerrado en cuatro paredes sin la posibilidad de desempeñar ningún deber fisiológico.
‘Vamos a dar una vuelta, amorcito’.
Y ahí regresa el estimulante aroma de alcantarillado, esa postura tan cómoda y elegante, perfectamente inclinada. Si solo tuviera cuatro patas, también yo plantaría un pino en frente de mi casa. ¡Ese es mi ADN, cabrones!
- ‘¿Queremos poner albóndigas laxativas?’, asamblea mañanera.
- ‘Empeoraría el problema, imagino’.
Ya.
- ‘Y luego, no es tampoco culpa del perro, ¿no?’, idealistas del lunes.
- ‘Sí, lo sé. Pero el perro no sabe leer el cartel de ‘No cagues aquí’, y estoy seguro que también el dueño es analfabeta’.
- ‘En algún barrio de Lisboa vi un mural gigante y todo colorado sobre el tema. Se llamaba No cagues aquí’.
- ‘El mensaje en A4 resulta demasiado borde y el mural sobrado en exceso. Necesitamos algo intermedio’.
Aparecen en mi cabeza escritas barrocas en cuatros idiomas de ¿Sabías que la mierda huele? o Dime que caca sacas y te diré quien eres.
Blanco y negro. Fellini, guion de Chris Morris.
Una pareja sale feliz de una clínica de inseminación artificial. El hombre suelta la correa de un animal atado, que desde lejos parece casi una criatura gateando. Los dos llevan en brazo un bulto envuelto en una toalla azul, lo miran risueños, ‘por fin después de tanta penuria...’
Zoom in de la cámara. La mujer da un beso a la criatura. Una compañía de circo toca una marcha en background.
‘¡Puchi puchi puchi!’
Zoom in.
Es un chihuahua.
Los circenses arrancan con la canción ‘Chihuahua’ de Dj Bobo. Imagen final del parvulario de cachorros haciendo puzzles y niños atados cagando en un pipi-can.
Comentarios